Sin provocar, incitando a lindar eso que traemos dentro

martes, 14 de febrero de 2012

El lugar a querer perderse por siempre.

Birlar a la vista y a de más sensualismos de esos estorbos que cargas a diario en la hipocresía de los deberes cotidianos, esos burdos pecaminosos que impide admirar toda la magnitud del  germen sensible de un delirio provocado con el mayor dolo existente. Cómplice el suspiro de Enero, vemos tus luces robadas y colocadas por destino en el amarillo que juega con la oscuridad de la noche que inicia. Somos cuatro, pero tres nos perdemos en dos, que pretendemos mirar como un uno hermoso. Mirar el amanecer, el juego que simula al sol en las llanuras creadas a detalle, dos formas que son una bella realidad, que no se puede olvidar. Dos que al ser una refuta al olvido y la indiferencia de la función normal de la mente. jugar al boy Scuot a salir a explorar a media luz se arriesga a dejar la sensación santificada de lo pagano, alteran la idea que papá inculco.
La imagen siempre presente, el punto de unión, ese sostén sin el pernil, solo llena del aroma, la esencia lasciva como el quinto que tardo en llegar, pero solo porque estaba atrapado, ahora estamos completos adorándola, digna sin el negro de tela que la divide, solo la textura que llama a nunca dejar de explorar, a meterse todo y siempre probar su todo único.
El recaer e intentar sentir en momentos no tan adecuados debe verse siempre como un síntoma de haber sentido el corazón que lleva dentro y tal forma posee, cada latido es reacción de haberse atrevido a dormir en su recorrido borracho de cielo.