También, dudo que puede ser allá; entre verde por temporada, y el normativo amarillo de ese espacio vació y lumínico, diluido en sombras templadas, sometidas y tan entendidas en su cambio, espacio tan envolvente de murmullos de dulce sonido y plácido volumen que resultan de tu embeleso.
Modos tan particulares que se tiene al alcance en formas desordenadas ven una reconfiguración en la medida que tu comisura empieza a dibujar la primera mueca, que como titiritero, lía cordones a sus escenas móviles, tan las haces tuyas siguiendo un procedimiento singular y afable, pero todo esto sucede en un pleno desconocimiento de los resultados de la risa entera.
Tal cual, fragmentos en grises estados inertes, aburridos en lo mismo de siempre, empiezan a recoger dinamismo vertiginoso, y con una paleta de gamas claras, en un parpadear todo, absolutamente todo lo reconocible pierde lugar en el nuevo mundo que vos creas: si alguna vez, alguien previo de la posibilidad de tal peligro, el que se corre por perderse en una sonrisa, es que su inefabilidad entendía explicaciones.
Sólo quedan ganas de adentrarse en fusión liquida a esa sonrisa, que sin ser símil a los encantos que Ulises resistió, si es más fuerte, pero con esencia más encantadora.
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