Los regresos en soledad son horribles.
Las huidas suelen tener el impulso de un cambio, la renovación o restauración de algo que nos afecta negativamente en el desarrollo deseado. Entonces el volver debería estar cargado de bríos nuevos que justifiquen plenamente el rumbo tomado de manera previa. Algo hice mal.
No sólo el autobús venia vació, también mis ganas de volver estaban carentes de todo sentido.
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